lunes, 19 de octubre de 2026

EL ÚLTIMO TESTIGO DE LAS RETAMAS

 El último testigo de Las Retamas






Hay trayectos que no se miden en kilómetros, sino en la densidad de las ilusiones que se cargan en la maleta. En 1964, mis padres, Chalo Rodríguez Gutti y mi mami Estela Burgos, tomaron a sus cinco primeros hijos —Henry, Adi, las mellizas Carola y Cecilia, y yo— y dejaron el sereno puerto de Pacasmayo para adentrarse en la selva de Pucallpa. A mi padre lo habían ascendido a comisionado de arroz, marcando el inicio de un periplo que luego los llevaría por Cocachacra y Yurimaguas.

Corría el año 1966 cuando la vida le hizo un guiño definitivo a la familia. Era cerca del mediodía en la calle Libertad de Cocachacra. El sol ya empezaba a hacer de las suyas sobre el valle y el viento traía ese aroma dulzón e inconfundible de los cañaverales. Mi padre estaba sentado en su escritorio de la oficina —esa casa que era local de trabajo por delante y hogar por detrás— cuando sonó el teléfono negro de pared, de aquellos a los que había que darles vueltas a una manivela para comunicarse.

Nicomedes descolgó primero:

—Don Chalo, dicen que va a recibir una llamada de Lima.

Mi padre se levantó de un salto. Al otro lado de la línea, la voz de doña Marcia le anunciaba la comunicación desde la capital. Papá pensó de inmediato en alguna disposición administrativa de la empresa, alguna orden de rutina. Pero cuando le indicaron que debía viajar lo antes posible a Lima para firmar los documentos de la casa que el Fondo de Empleados le había asignado según su categoría, una luz de alegría súbita iluminó el recinto.

Procesó la información en silencio y, con sutil prudencia, pidió que se lo repitieran. Quería escuchar otra vez las palabras para terminar de creérselo: tenía que ir a la urbanización Los Recaudadores, en Salamanca, a elegir el hogar para los suyos. Al colgar, hizo lo que siempre hacía ante las grandes noticias de la vida: cruzó el umbral hacia la parte posterior de la casa y buscó a mi madre. Se lo contó con la voz contenida y se abrazaron muy fuerte. Sin necesidad de decir palabra, mirándose a los ojos, a ambos se les vino encima el recuerdo de cuando salieron de Pacasmayo hacia Pucallpa casi sin nada, habiéndolo vendido todo para empezar de cero. Hoy la vida les decía que tendrían un techo propio en la capital.

A las pocas horas, mi padre emprendió el viaje. Tuvo que abordar el viejo ómnibus de Cruz del Sur hacia Arequipa en un trayecto de tres a cuatro horas, con sus paradas obligadas en Chucarapi, El Fiscal, San José y El 48 hasta avistar la Ciudad Blanca. Al atardecer, tomó el bus directo a Lima para completar otras veinte horas de ruta.

A sus 36 años, en plena juventud y cargado de osadía, Papá Chalo contemplaba la noche por la ventanilla. Al ritmo del bamboleo del ómnibus, su memoria hilvanaba el pasado: las travesuras de la infancia correteando por las playas de Pacasmayo, la efervescencia de los años mozos y los acordes de ese piano familiar que le abrió puertas e ingresos cuando lo llamaban a tocar en orquestas de la región. Repasó el asombro de conocer la selva y agradeció en silencio a Dios y a su Virgencita de Guadalupe, a quien profesaba una devoción inquebrantable desde niño. Antes de dormitar, ajustó en su mente los planes conversados con Estela: el próximo destino laboral, sin falta, tenía que ser Lima.

A la mañana siguiente desembarcó en la capital. Fue a un hotel, se aseó con esmero, se puso el terno formal y enrumbó decidido a la oficina principal del Fondo. Al cruzar los pasillos, algunos conocidos lo saludaron con extrañeza: «¿Qué hace Chalo por acá?». Cuando le mostraron los planos de las viviendas correspondientes a su categoría, el dilema no se hizo esperar. Le ofrecían dos alternativas: una casa ya terminada en la calle Las Retamas o una ubicada a la espalda, en la calle Las Madreselvas. Frente a esta última no había nada aún, pues pertenecía a una futura etapa de construcción que prometía terrenos de mayor metraje.

Papá dudó. Miró los planos, sopesó los tiempos y la incertidumbre de un proyecto por levantar. ¿Y si la obra se retrasaba? Al no tener a su Estelita al lado para deliberar y compartir el riesgo, optó por la certeza. Prefirió lo seguro, tomó la pluma y firmó por la casa de la calle Las Retamas.

Tardamos unos años en habitarla mientras completábamos el tramo en Yurimaguas, pero en 1971, cuando mi padre decidió trasladarnos definitivamente a la capital, abrimos por primera vez la puerta de dos pisos en Los Recaudadores.

La alegría de aquel día fue un torbellino. Los hermanos irrumpimos con la furia dichosa de la infancia: las pisadas retumbaban sobre el parqué pulido, los ecos subían por las escaleras y las voces celebraban cada rincón.

—¡Mira, acá hay un baño! ¡Acá hay otro! ¡Este va a ser mi dormitorio! —gritaba Henry. Mientras Adita y las mellicitas correteaban por la sala, comedor y cocina

Yo, ignorando la prudencia, me trepaba por las rejas de la escalera en un despliegue de piruetas acrobáticas.

—¡Muchacho, ten cuidado! —advertía la voz serena de mi papá.

Y al fondo, la promesa del juego: un jardín enorme y verde.

—¡Qué bacán, Henry! ¡Aquí vamos a jugar pelota!

Y jugamos, vaya si jugamos.

Esa casa vio nacer a nuestra hermana menor, Magalli, completando la banda de los seis. Vio desplegarse la mesa larga de los domingos, donde los ocho nos sentábamos a compartir la vida. Cuando las conversaciones se encendían y las ganas de hablar se atropellaban, mi padre hacía sonar una pequeña campanita de metal para otorgar rigurosos turnos de palabra, mientras mi madre servía aquellos platos cuyos aromas aún puedo oler con solo invocarlos: el arroz con carnes, los tallarines sustanciosos o el humeante espesado.

Esa casa fue refugio, cobijo y el verdadero útero familiar. Por sus salas pasaron y encontraron cobijo hermanos de mi padre y de mi madre, sobrinos y nietos. Todos supieron de las interminables conversaciones, los discursos improvisados, las pasionales discusiones, las risas desbordadas, las parrillas en el jardín y los almuerzos de mesa tendida para la familia y los invitados de cada domingo.




Esa casa fue también una parte medular de nuestra propia identidad. Cuando de muchachos conocíamos a nuevas personas y surgía la inevitable pregunta: «¿Quién eres?» y, a renglón seguido: «¿Dónde vives?», el orgullo se nos desbordaba en el pecho al responder que nuestra casa estaba en Los Recaudadores, en Salamanca.

Aunque gran parte de la vida de mis hermanos transcurrió entre esos muros, la casa tuvo la generosidad de estirarse en el tiempo para albergar nuevas felicidades y abrazar a mi propia familia. Más tarde, al compartir con los míos la noticia de que la venta de la propiedad finalmente se había concretado, nos pusimos a sacar cuentas de nuestra propia historia en ella. Les dije que yo había vivido allí casi la mitad de mi vida. Nelia, mi esposa, hizo sus cálculos y sonrió: «Yo viví la tercera parte de la mía». Mis hijas, Fiorella y Vannia, coincidieron en que pasaron allí más de la mitad de sus vidas. Y entonces Morgana, la bisnieta de papá y mamá, atenta a la conversación, exclamó con un rapto de alegría inusitada teñido de dulce nostalgia: «¡Yo he vivido TODA mi vida en esta casa!». Y tenía razón: sus nueve años cumplidos justamente hoy han transcurrido bajo el amparo de este refugio. En sus risas correteando por el parqué, la casa volvió a rejuvenecer.

Como si el tiempo se negara a cerrar sus puertas sin antes bendecir a las nuevas raíces, la casa aguardó un último regalo. Lucas, el pequeño nieto de ocho meses de mi hermano Henry, nació en Alemania cuando Mami Estela y Papá Chalo ya habían partido. Sin embargo, retornó al Perú junto a sus padres y ha vivido aquí un par de meses, respirando la paz de estos muros y recibiendo el eco de aquel amor original. Hasta él, tan pequeño e inocente, alcanzó a gozar un poquito de esta casa.

Hoy nos encontramos frente al rito inevitable del despojo. Con dos de mis hermanos viviendo fuera de ella, no era posible ni sensato repartirla entre los seis. Además, estábamos cumpliendo un mandato sagrado. Mi padre, con esa sabiduría profunda y preventiva que siempre lo caracterizó, reflexionó alguna vez en vida: «No vaya a ser que mis hijos se peleen por un ladrillo». Desear que la casa se vendiera no fue una renuncia, sino un acto de amor supremo para preservar intacta la hermandad.

La casa será demolida pronto para dar paso a un edificio. No habrá extraños habitando nuestros viejos cuartos; sus paredes caerán de pie, habiendo cumplido su ciclo hasta el último suspiro. Es sobrecogedor ver cómo los muebles van saliendo uno a uno —la vitrina, el juego de sala, el comedor donde mi padre anotaba la fecha exacta de cada logro—. En el centro del salón desierto, solo queda el piano, como el último testigo guardián de nuestros domingos.

Cumplidos los deseos de mi padre —como el de haber esparcido ya sus cenizas en el mar de Pacasmayo, donde todo empezó—, hoy nos reunimos alrededor de una impersonal y reluciente mesa de Notaría. Al mirar a mis hermanos, veo en sus rostros una mezcla de seriedad y tristeza contenida; pero el espejo transparente de la vida me devuelve, intactas, esas caritas felices de niños que fuimos, creciendo al amparo pleno de papá y mamá.





No solo se ha ido una casa de paredes y techos; se va una porción invalorable de nuestras propias vidas. Que les vaya de lo mejor, queridos hermanos. La casa de Las Retamas se derrumbará en el aire, pero la historia de Chalo y Estela queda a salvo para siempre en la memoria de los seis que fuimos uno solo en su jardín.

 


DORMIR NO ES PERDER EL TIEMPO (P-20)

 DORMIR NO ES PERDER EL TIEMPO



Charito tuvo que trabajar hasta las tres de la mañana. Raúl se queda viendo una serie de Netflix hasta las dos. Manuel se fue de juerga y duerme apenas unas horas.

Al día siguiente los tres tendrán sueño. Pero no solamente estarán cansados.

Su cerebro también funcionará de otra manera.

Dormir es mucho más que cerrar los ojos. Durante el sueño ocurren procesos fundamentales para el aprendizaje, la memoria, la atención y la regulación emocional. Cuando reducimos demasiado ese tiempo, esos procesos se alteran.

Primero, se resiente la atención. Charito en su trabajo lee un informe y tiene que volver sobre el mismo párrafo. Raúl está con un cliente y pierde el hilo de la conversación. Manuel, al conducir, puede reaccionar más lentamente ante un imprevisto.

La falta de sueño aumenta esos pequeños «lapsos» en los que nuestra atención deja de funcionar con la eficiencia habitual.

También se afecta la memoria.

Podemos aprender durante el día, pero el sueño participa en la consolidación de aquello que aprendimos. Por eso, estudiar hasta la madrugada no necesariamente significa aprender más. A veces, después de estudiar, lo que necesitamos es dormir.

También se debilita el llamado control ejecutivo: la capacidad de planificar, controlar impulsos, cambiar de estrategia y tomar decisiones.

Por eso Charito puede cometer errores que normalmente no cometería, Raúl reaccionar impulsivamente y Manuel perder la paciencia.

No necesariamente se han vuelto otras personas.

Están tomando decisiones con un cerebro cansado.

Y aparece la emoción. Dormir poco puede hacernos más irritables, impulsivos y menos capaces de poner distancia entre lo que ocurre y nuestra reacción. Una discusión que normalmente terminaría con un «dejémoslo ahí» puede convertirse, después de una mala noche, en un problema mayor.

Hay algo todavía más profundo: durante el sueño el cerebro no está apagado. Está trabajando de otra manera.

Charito pasa el día aprendiendo y resolviendo problemas; mientras duerme, su cerebro ayuda a consolidar parte de esa información.

Raúl termina una jornada cargada de emociones; durante el sueño, su cerebro participa en el procesamiento y regulación de esas experiencias.

Manuel aprende algo nuevo; mientras duerme, su cerebro fortalece las conexiones relacionadas con ese aprendizaje.

Nosotros descansamos, pero el cerebro continúa trabajando silenciosamente: organiza, consolida, regula y mantiene.

Por eso, cuando recortamos el sueño, no estamos simplemente quitando horas a la cama. Estamos quitándole tiempo al cerebro para hacer aquello que necesita hacer mientras dormimos.

Por eso decir:

—No pasa nada, hoy duermo cuatro horas.

No es exactamente cierto.

Sí pasa algo.

El problema es que podemos acostumbrarnos subjetivamente al cansancio y no darnos cuenta de cuánto está disminuyendo nuestro rendimiento.

Y aquí aparece una paradoja extraordinaria:

podemos estar demasiado cansados para darnos cuenta de cuánto cansancio tenemos. Por eso dormir no debería ser considerado el tiempo que queda después de cumplir con todo.

Tal vez sea exactamente al revés.

Dormimos para poder hacer bien aquello que tendremos que hacer después.

Charito no pierde solamente horas de sueño. Puede perder atención.

Raúl no pierde solamente horas de cama. Puede perder memoria y capacidad de concentración.

Manuel no pierde solamente una noche. Puede levantarse con un cerebro menos preparado para decidir, reaccionar y controlar sus impulsos.

Entonces la pregunta cambia:

¿Cuánto de nuestro cerebro estamos dispuestos a sacrificar para tener unas horas más despiertos?

Porque, quizá dormir no sea una interrupción de nuestra vida.

Quizá sea una de las formas más importantes de prepararnos para vivirla.

 

jueves, 15 de octubre de 2026

ENTREVISTA EXCLUSIVA A CHALO RODRÍGUEZ BURGOS

 https://prensamerica.com/entrevista-exclusiva-a-chalo-rodriguez-burgos-version-prensamerica-musa/

ENTREVISTA EXCLUSIVA A CHALO RODRÍGUEZ BURGOS



⏳-Tiempo de lectura 4min, 29seg-

"Escribo el mundo que vi, viví, que tal vez ya no exista"

📖Por Revista Literaria MUSA

📜PRÓLOGO

Hay escritores que escriben libros. Y hay otros, como Chalo Rodríguez Burgos (Pacasmayo, 1956), que siembran memoria. Arequipeño por adopción, neuroeducador, miembro del Gremio de Escritores del Perú, del Chapter Perú de la Society for Neuroscience y Embajador Cultural en Argentina, Chile, Colombia y Honduras, Chalo ha hecho de su vida un puente entre la ciencia y la poesía.

Autor Best Seller en Amazon con Sediento compás en brisa esquiva, de novelas como El silbido de las sombras y Surcos de vinilo, y conductor del generoso programa Aroma de Libro, Chalo escribe para no olvidar. Para nombrar lo cotidiano hasta volverlo trascendental. Hoy nos abre su morral ajeno.

👦🏽🌊RAÍZ Y MEMORIA

El niño que corría con las letras

1️⃣🎒Dices que de niño descubriste que podías "correr con las letras con la misma velocidad que con los pies jugando al fútbol". ¿Qué recuerda hoy ese niño lector que levantaba cualquier papel tirado en el suelo, cuando vuelve a Pacasmayo y a Arequipa en tu escritura?

👉Está sobre mi hombro cuando escribo. Me corrige para que no me aparte de mi esencia, cuida que sea auténtico, que ría, que siga haciendo mis gracias de siempre y, sobre todo, que siga soñando y no deje de sonreír. Me advierte que la vida es solo un soplo de tiempo y que no hay retorno.

2️⃣⏳Tu máxima es contundente: "Escribo el mundo que vi, viví, que tal vez ya no exista... finalmente escribo para recordar el mundo que tuve". ¿La escritura para ti es más un acto de resistencia contra el olvido o un acto de ternura hacia lo que ya no está?

👉La escritura me hace vivir de nuevo. Me recuerda quién soy, con mis ansias locas de ir tras cualquier sueño sin impedimentos ni barreras. Puedo entrar a mi mundo de los seis años y sentir la brisa de mi mar en Pacasmayo; volver a tener ocho y sorprenderme por esa exuberante vegetación de Pucallpa; mirarme a los once correteando por las calles empedradas de Cocachacra, o avizorar a los trece años lo que significa el palpitante galopar de mi corazón en la perla del Huallaga, en Yurimaguas. Me permite conversar con la familia que formé: puedo detener el mundo y hacerlo girar cada vez que lo deseo. Me permite entrar al mundo de otros y ver lo que yo no alcanzaba a percibir. Al escribir, rediseño los aconteceres y me proyecto para seguir con la ilusión entera de avanzar en este hermoso sendero llamado vida.

3️⃣👨‍👦🎹Estás escribiendo un libro en memoria de tu padre, que partió a los 95 años. ¿Cómo se entrelaza esa entrañable amistad que tejieron, con sus observaciones contemplativas sobre la naturaleza y el mundo actual? ¿Qué te está enseñando tu padre ahora, un año después?

👉Papá era un hombre excepcional, un ejemplo atípico de la Generación Silenciosa. Conservaba mucho de esas características, pero se iba adecuando con sabiduría a las variantes de la vida. Hasta el final usó su tableta y su celular, y hacía comentarios en sus redes sociales. Él me hizo su amigo desde pequeño, manteniendo siempre bien marcada la hermosa línea de padre e hijo. El fútbol nos unió muchísimo: largas escuchas por radio de los partidos y, luego, las transmisiones por televisión. Uno de los castigos más grandes que me aplicó por uno de mis tantos deslices juveniles fue cuando me dijo: "Ya no vas a escuchar los partidos conmigo". Me dolió profundamente; la desazón fue oscura y profunda. Mantuvimos esa complicidad de vida a lo largo de los años. Fuimos de café en café conversando de todo, hasta que lo motivé a escribir su primer libro. Fue un éxito y lo vi lleno de felicidad al ver sus recuerdos impresos. Cuando le sugerí escribir el segundo, aceptó con la condición de que lo hiciéramos juntos. Fue un gran padre, un esposo ejemplar y un amigo a quien en sus últimos años tuve el privilegio de ayudar a bañarse y vestirse. Fue un gran pianista que le dio armonía a mi vida y una exquisita distinción que formó parte de mi identidad. Y lo más hermoso es que sigo conversando con él y a veces me sorprendo haciendo alguno de sus clásicos gestos.

🧠❤️📝CEREBRO, CORAZÓN Y PALABRA - La ciencia vestida de humanidad

4️⃣🧬Eres parte del Chapter Perú de la Sociedad de Neurociencia, capacitador en neuroeducación y diplomado en plasticidad neuronal. ¿Cómo logras que el cerebro emocional y la razón dialoguen en un mismo verso sin que la poesía pierda su misterio?

👉El cerebro es uno de los misterios más grandes que existen. De por sí, su estructura y su funcionamiento son pura poesía. En esa espléndida plasticidad que presenta al conectar miles de neuronas para preguntarse: "¿Acaso solo soy la suma de mis recuerdos?". Conocer una mínima parte de cómo funciona el cerebro, y descubrir cómo el aroma del almuerzo de mamá no pide permiso a ciertas áreas cerebrales sino que ingresa directamente al núcleo de nuestras emociones trayendo la mesa familiar al presente, es algo fascinante. Las neurociencias nos permiten ampliar el conocimiento sobre cómo percibimos el entorno y nos invitan a un viaje inmersivo para conocernos mejor y responder a los estímulos que nos rodean. Todo ello potencializa enormemente la capacidad creativa del escritor.

5️⃣🎙️📚En tu programa Aroma de Libro abres una ventana generosa para otros autores, prologas, presentas, impulsas. En un mundo literario a veces tan competitivo, ¿de dónde nace esa vocación tuya por la generosidad, esa que incluso te valió el Premio al Valor de la Generosidad?

👉Estar en este mundo creativo me ha permitido conocer a personas de un enorme emprendimiento que comparten su sapiencia. En los prólogos de mis libros colaboraron conmigo de manera desinteresada, y constantemente me tienen en cuenta para escribir sobre otros o representarlos. Eso me dejó un poderoso mensaje para continuar esa cadena de favores. De ahí nace también mi profunda gratitud y admiración por iniciativas como la de la propia Revista Literaria MUSA, que de manera completamente desinteresada abre un espacio internacional de altísimo valor para que los escritores latinoamericanos podamos hacer oír nuestra voz, compartir nuestros saberes y abrazarnos a través de las letras. Inspirado en esa misma filosofía, Chile País de Poetas me dio la magnífica oportunidad de conducir Aroma de Libro. Junto al escritor Christian Oyarzo hemos presentado a más de noventa escritores y leído sus obras. Al final, los más enriquecidos hemos sido nosotros, al nutrirnos de magnífica literatura y conocer a seres humanos excepcionales.

6️⃣👩‍🏫✨Como columnista, docente y divulgador, sostienes que las cosas cotidianas y sencillas del ciudadano de a pie son trascendentales. ¿Cómo se enseña eso desde la neuroeducación a jóvenes y docentes que hoy viven distraídos y ansiosos?

👉Pregunta latente y vigente. Cuando en clase decía a mis estudiantes ¿quieren saber por qué les sudan las manos, se acelera el corazón o el estómago comienza a tener sensaciones raras cuando pasa a su lado la chica (o) que les gusta? Inmediatamente había capturado la atención de ellos. De ahí es solo un paso para explicar cómo su sistema nervioso actúa y qué áreas del cerebro entran en funcionamiento. A los docentes les aconsejo algo fundamental: el cerebro no aprende si no hay curiosidad y emoción. Les enseño a activar el sistema de recompensa del cerebro antes de lanzar cualquier fórmula o concepto abstracto. Si a un profesor le toca dar clase a los alumnos del 5to "A" y sabe que están ansiosos o distraídos pensando en el examen de admisión a la universidad, le sugiero no empezar directo con la teoría en la pizarra. Le propongo iniciar con una anécdota o una pregunta de la vida cotidiana. Si la clase es de geometría o física, en lugar de dibujar un triángulo frío, puede preguntarles: "¿Se han fijado en la estructura de los puentes por los que caminan a diario para llegar al colegio y por qué no se caen cuando pasa un camión?". La neuroeducación nos demuestra que el cerebro solo aprende aquello que le emociona y que tiene un vínculo o relación con su vida cotidiana.

7️⃣🛩️💧Tu próximo proyecto narrativo Las Ninfas del Pozo vuelve sobre el trágico accidente aéreo de 1971 y el reencuentro con Mary y Mery en Pucallpa. ¿Por qué necesitabas cerrar ese viaje y compartirlo con tu nieta Morgana?

👉Hay situaciones inexplicables. En una de las veces que Morgana me pidió que le contara sobre mi ineficaz manera de cargar el balde con agua que provocó la risa de las Ninfas del Pozo, como un relámpago recordé la foto de la puerta del avión caído. La había subido al Facebook mi primo en Pucallpa. Y la puerta se abrió para invitarme a un retorno a Pucallpa, sesenta y dos años después para saber sobre el lugar donde reposan mis amiguitas. Ni siquiera lo pensé, fue casi un mandato. Después de dos semanas ya estaba en Pucallpa. De allí viajé más de 100 km para llegar al lugar donde estaba la puerta... Al tocarla continué con este peregrinaje que he tratado de plasmarlo en este proyecto que me sigue estremeciendo.

🌱🏆SIEMBRA Y LEGADO - Lo que dejas

8️⃣🏅Has recibido el Cóndor Mendocino, el Galardón Oscar Castro, el Fénix de Europa, la Gaviota de Plata, medalla de oro de Arequipa. ¿Qué premio no está en la vitrina, pero llevas guardado en el morral del alma?

👉A veces siento que fui muy egoísta al inicio, pues comencé escribiendo solo para mí, con miedo a que me leyeran. Luego quise compartir mis sentires y llegar a más personas para conocer sus impresiones. Cuando presenté mi primera novela, El silbido de las sombras, tuve tres presentadores: un cardiólogo de setenta años, un contador de sesenta y un estudiante de quince años. Los tres hicieron abordajes magníficos. Pero el joven Felipe dijo algo fulminante al terminar su alocución: "Si yo preguntara quién conoce a Chalo Rodríguez Burgos, seguro nadie respondería. Si pregunto quién leyó El silbido de las sombras, tampoco responderían. Pero a mí, este libro me movió los sentimientos". Cuando una persona me dice que algo que escribí lo conmovió, lo hizo reflexionar o le generó nuevos pensamientos, esté de acuerdo o no conmigo, siento una alegría inmensa que considero mi premio más valioso.

9️⃣🌎🕊️Has sido antologado en Perú, Argentina, Chile, Colombia, España, Puerto Rico, Estados Unidos. Eres embajador cultural de Arequipa y de colectivos de todo el continente. ¿Qué significa para ti ser un embajador itinerante de la palabra cuando la palabra parece valer cada vez menos?

👉En más de una ocasión tuve un debate interno con la famosa máxima que dice "una imagen vale más que mil palabras". Cuando era muy joven leí como cinco veces el libro ¡Viven! de Piers Paul Read. Imagínate lo compenetrado que estaba. Tiempo después vi la película y me di cuenta de que la imagen cinematográfica te fija una sola visión, mientras que la lectura te permite recrear e imaginar mundos infinitos. Cada vez que leía el libro descubría nuevos matices; la película, en cambio, siempre mostraba lo mismo. Escribir es construir universos disímiles y únicos nacidos de tus vivencias. Por eso me gusta sostener conversaciones reales y, sobre todo, me encanta escuchar. Así aprendo y aprecio otras percepciones que mueven los cimientos de mis recuerdos. En cada conferencia que doy, crónica o libro que escribo trato de reivindicar a la palabra como el medio vital para transferir nuestras emociones y nuestra propia visión del mundo.

🔟👧🏼💌Sueñas con dejar un testimonio que una la razón y la sensibilidad poética para las futuras generaciones. Si esta entrevista la leyera Morgana dentro de 30 años, ¿qué te gustaría que entendiera sobre por qué su abuelo escribía?

👉Qué hermosa e interesante pregunta. Me has conmovido tremendamente. Me gustaría que entienda que, además de bosquejar algunas escenas del mundo que me tocó vivir, ese mundo también es parte del suyo, porque forma parte de su propia identidad. Que entienda que, gracias a la escritura, el conocimiento no se pierde, pero sobre todo las emociones siguen latiendo para quien las lea. Quisiera que sepa que su abuelo es la continuación de una saga de larga data y estoy seguro de que ella vivirá entre mis líneas; pero, sobre todo, sé que ella escribirá las suyas y bosquejará nuevos senderos... los suyos. Y que estaré sobre su hombro cuando ella escriba, para decirle que no se aparte de su esencia y susurrarle a su oído que la quiero mucho.

⚡️PING PONG MUSA - Preguntas rápidas, respuestas cortas

🎯💭Un verso tuyo que te salve en días nublados.

👉Es lo que tengo, es lo que doy.

🎯📕Un libro que te obligó a ser otro.

👉Retazos, mis lugares, mis momentos.

🎯🏖️Pacasmayo en una sola imagen.

👉La playa besada por el donaire de sus olas.

🎯🌋Arequipa en un aroma.

👉El humo de la leña de una picantería tradicional.

🎯✍️Una palabra que nunca lograste domar en

un poema.

👉Más que una palabra, es la angustia de no reflejar la esencia de mi sentir.

6️⃣🎶¿Qué te susurra el vinilo de Surcos de vinilo?

👉Vibra mi ser ante el anuncio de una catarata de emociones incontenibles.

🎯🤝Neurociencias o poesía: ¿quién abraza primero?

👉El abrazo es simultáneo, intrínseco y sincero.

8️⃣🌱¿Qué le dirías a un joven que quiere escribir, pero tiene miedo?

👉Piensa en ti, después en ti. No te pongas barreras.

🎯🚶‍♂️Tu manía secreta antes de escribir.

👉Caminar temprano por el parque.

🎯✈️Si no fueras escritor, ¿qué serías?

👉Viajero empedernido.

💖LLEGAMOS AL FINAL

Gracias, Chalo.

Gracias por recordarnos que el cerebro también es poesía. Gracias por enseñarnos que una pregunta sobre por qué sudan las manos puede ser más poderosa que una fórmula en la pizarra. Gracias por esa cadena de favores que sostienes con Aroma de Libro y por honrar a MUSA con tu gratitud.

Gracias por tu padre pianista, por tus Ninfas del Pozo, por tu niño de Pacasmayo que sigue sobre tu hombro corrigiéndote con ternura. Gracias por escribir para que nada de lo que amaste se pierda del todo.

Que tu padre siga conversando contigo en cada gesto. Que Morgana lea esta entrevista y sienta tu mano en su hombro. Que sigas corriendo con las letras, sin prisa y sin retorno, pero con la sonrisa intacta.

Con el corazón abierto, te abraza

Revista Literaria MUSA 🌙📖

✍️Nota realizada por:

👩‍🏫Miriam Alberganti II

📝s Cronista literaria

📚Revista Literaria MUSA

🌐Cultural Space. -

💻International Digital Literary Magazine

📍Buenos Aires - Argentina 🇦🇷

📬CONTACTO

Chalo Rodríguez Burgos

📧Email: chalorodriguez@hotmail.com

📘Facebook: Chalo Rodriguez Burgos / Chalo Rodriguez Burgos – Página Oficial

📸Instagram: @chalorodriguezburgos

🌐Blog: https://chalorodriguez.blogspot.com/

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EL ÚLTIMO TESTIGO DE LAS RETAMAS

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