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ENTREVISTA EXCLUSIVA A CHALO RODRÍGUEZ BURGOS
-Tiempo de lectura 4min,
29seg-
"Escribo el mundo que vi, viví, que tal vez ya no
exista"
Por Revista
Literaria MUSA
PRÓLOGO
Hay escritores que escriben libros. Y hay otros, como Chalo
Rodríguez Burgos (Pacasmayo, 1956), que siembran memoria. Arequipeño por
adopción, neuroeducador, miembro del Gremio de Escritores del Perú, del Chapter
Perú de la Society for Neuroscience y Embajador Cultural en Argentina, Chile,
Colombia y Honduras, Chalo ha hecho de su vida un puente entre la ciencia y la
poesía.
Autor Best Seller en Amazon con Sediento compás en brisa
esquiva, de novelas como El silbido de las sombras y Surcos de vinilo, y
conductor del generoso programa Aroma de Libro, Chalo escribe para no olvidar.
Para nombrar lo cotidiano hasta volverlo trascendental. Hoy nos abre su morral
ajeno.
RAÍZ Y MEMORIA
El niño que corría con las letras
Dices que de niño
descubriste que podías "correr con las letras con la misma velocidad que
con los pies jugando al fútbol". ¿Qué recuerda hoy ese niño lector que
levantaba cualquier papel tirado en el suelo, cuando vuelve a Pacasmayo y a
Arequipa en tu escritura?
Está sobre mi
hombro cuando escribo. Me corrige para que no me aparte de mi esencia, cuida
que sea auténtico, que ría, que siga haciendo mis gracias de siempre y, sobre
todo, que siga soñando y no deje de sonreír. Me advierte que la vida es solo un
soplo de tiempo y que no hay retorno.
Tu máxima es contundente:
"Escribo el mundo que vi, viví, que tal vez ya no exista... finalmente
escribo para recordar el mundo que tuve". ¿La escritura para ti es más un
acto de resistencia contra el olvido o un acto de ternura hacia lo que ya no
está?
La escritura me
hace vivir de nuevo. Me recuerda quién soy, con mis ansias locas de ir tras
cualquier sueño sin impedimentos ni barreras. Puedo entrar a mi mundo de los
seis años y sentir la brisa de mi mar en Pacasmayo; volver a tener ocho y
sorprenderme por esa exuberante vegetación de Pucallpa; mirarme a los once
correteando por las calles empedradas de Cocachacra, o avizorar a los trece
años lo que significa el palpitante galopar de mi corazón en la perla del
Huallaga, en Yurimaguas. Me permite conversar con la familia que formé: puedo
detener el mundo y hacerlo girar cada vez que lo deseo. Me permite entrar al
mundo de otros y ver lo que yo no alcanzaba a percibir. Al escribir, rediseño
los aconteceres y me proyecto para seguir con la ilusión entera de avanzar en
este hermoso sendero llamado vida.
Estás escribiendo
un libro en memoria de tu padre, que partió a los 95 años. ¿Cómo se entrelaza
esa entrañable amistad que tejieron, con sus observaciones contemplativas sobre
la naturaleza y el mundo actual? ¿Qué te está enseñando tu padre ahora, un año
después?
Papá era un hombre
excepcional, un ejemplo atípico de la Generación Silenciosa. Conservaba mucho
de esas características, pero se iba adecuando con sabiduría a las variantes de
la vida. Hasta el final usó su tableta y su celular, y hacía comentarios en sus
redes sociales. Él me hizo su amigo desde pequeño, manteniendo siempre bien
marcada la hermosa línea de padre e hijo. El fútbol nos unió muchísimo: largas
escuchas por radio de los partidos y, luego, las transmisiones por televisión.
Uno de los castigos más grandes que me aplicó por uno de mis tantos deslices
juveniles fue cuando me dijo: "Ya no vas a escuchar los partidos
conmigo". Me dolió profundamente; la desazón fue oscura y profunda.
Mantuvimos esa complicidad de vida a lo largo de los años. Fuimos de café en
café conversando de todo, hasta que lo motivé a escribir su primer libro. Fue
un éxito y lo vi lleno de felicidad al ver sus recuerdos impresos. Cuando le
sugerí escribir el segundo, aceptó con la condición de que lo hiciéramos juntos.
Fue un gran padre, un esposo ejemplar y un amigo a quien en sus últimos años
tuve el privilegio de ayudar a bañarse y vestirse. Fue un gran pianista que le
dio armonía a mi vida y una exquisita distinción que formó parte de mi
identidad. Y lo más hermoso es que sigo conversando con él y a veces me
sorprendo haciendo alguno de sus clásicos gestos.
CEREBRO, CORAZÓN Y
PALABRA - La ciencia vestida de humanidad
Eres parte del
Chapter Perú de la Sociedad de Neurociencia, capacitador en neuroeducación y
diplomado en plasticidad neuronal. ¿Cómo logras que el cerebro emocional y la
razón dialoguen en un mismo verso sin que la poesía pierda su misterio?
El cerebro es uno
de los misterios más grandes que existen. De por sí, su estructura y su
funcionamiento son pura poesía. En esa espléndida plasticidad que presenta al
conectar miles de neuronas para preguntarse: "¿Acaso solo soy la suma de
mis recuerdos?". Conocer una mínima parte de cómo funciona el cerebro, y
descubrir cómo el aroma del almuerzo de mamá no pide permiso a ciertas áreas
cerebrales sino que ingresa directamente al núcleo de nuestras emociones
trayendo la mesa familiar al presente, es algo fascinante. Las neurociencias
nos permiten ampliar el conocimiento sobre cómo percibimos el entorno y nos
invitan a un viaje inmersivo para conocernos mejor y responder a los estímulos
que nos rodean. Todo ello potencializa enormemente la capacidad creativa del
escritor.
En tu programa
Aroma de Libro abres una ventana generosa para otros autores, prologas,
presentas, impulsas. En un mundo literario a veces tan competitivo, ¿de dónde
nace esa vocación tuya por la generosidad, esa que incluso te valió el Premio
al Valor de la Generosidad?
Estar en este
mundo creativo me ha permitido conocer a personas de un enorme emprendimiento
que comparten su sapiencia. En los prólogos de mis libros colaboraron conmigo
de manera desinteresada, y constantemente me tienen en cuenta para escribir
sobre otros o representarlos. Eso me dejó un poderoso mensaje para continuar
esa cadena de favores. De ahí nace también mi profunda gratitud y admiración
por iniciativas como la de la propia Revista Literaria MUSA, que de manera
completamente desinteresada abre un espacio internacional de altísimo valor
para que los escritores latinoamericanos podamos hacer oír nuestra voz,
compartir nuestros saberes y abrazarnos a través de las letras. Inspirado en
esa misma filosofía, Chile País de Poetas me dio la magnífica oportunidad de
conducir Aroma de Libro. Junto al escritor Christian Oyarzo hemos presentado a
más de noventa escritores y leído sus obras. Al final, los más enriquecidos
hemos sido nosotros, al nutrirnos de magnífica literatura y conocer a seres
humanos excepcionales.
Como columnista, docente y
divulgador, sostienes que las cosas cotidianas y sencillas del ciudadano de a
pie son trascendentales. ¿Cómo se enseña eso desde la neuroeducación a jóvenes
y docentes que hoy viven distraídos y ansiosos?
Pregunta latente y
vigente. Cuando en clase decía a mis estudiantes ¿quieren saber por qué les
sudan las manos, se acelera el corazón o el estómago comienza a tener
sensaciones raras cuando pasa a su lado la chica (o) que les gusta?
Inmediatamente había capturado la atención de ellos. De ahí es solo un paso
para explicar cómo su sistema nervioso actúa y qué áreas del cerebro entran en
funcionamiento. A los docentes les aconsejo algo fundamental: el cerebro no
aprende si no hay curiosidad y emoción. Les enseño a activar el sistema de
recompensa del cerebro antes de lanzar cualquier fórmula o concepto abstracto.
Si a un profesor le toca dar clase a los alumnos del 5to "A" y sabe
que están ansiosos o distraídos pensando en el examen de admisión a la
universidad, le sugiero no empezar directo con la teoría en la pizarra. Le
propongo iniciar con una anécdota o una pregunta de la vida cotidiana. Si la
clase es de geometría o física, en lugar de dibujar un triángulo frío, puede
preguntarles: "¿Se han fijado en la estructura de los puentes por los que
caminan a diario para llegar al colegio y por qué no se caen cuando pasa un
camión?". La neuroeducación nos demuestra que el cerebro solo aprende
aquello que le emociona y que tiene un vínculo o relación con su vida
cotidiana.
Tu próximo
proyecto narrativo Las Ninfas del Pozo vuelve sobre el trágico accidente aéreo
de 1971 y el reencuentro con Mary y Mery en Pucallpa. ¿Por qué necesitabas
cerrar ese viaje y compartirlo con tu nieta Morgana?
Hay situaciones
inexplicables. En una de las veces que Morgana me pidió que le contara sobre mi
ineficaz manera de cargar el balde con agua que provocó la risa de las Ninfas
del Pozo, como un relámpago recordé la foto de la puerta del avión caído. La
había subido al Facebook mi primo en Pucallpa. Y la puerta se abrió para
invitarme a un retorno a Pucallpa, sesenta y dos años después para saber sobre
el lugar donde reposan mis amiguitas. Ni siquiera lo pensé, fue casi un
mandato. Después de dos semanas ya estaba en Pucallpa. De allí viajé más de 100
km para llegar al lugar donde estaba la puerta... Al tocarla continué con este
peregrinaje que he tratado de plasmarlo en este proyecto que me sigue
estremeciendo.
SIEMBRA Y LEGADO -
Lo que dejas
Has recibido el
Cóndor Mendocino, el Galardón Oscar Castro, el Fénix de Europa, la Gaviota de
Plata, medalla de oro de Arequipa. ¿Qué premio no está en la vitrina, pero
llevas guardado en el morral del alma?
A veces siento que
fui muy egoísta al inicio, pues comencé escribiendo solo para mí, con miedo a
que me leyeran. Luego quise compartir mis sentires y llegar a más personas para
conocer sus impresiones. Cuando presenté mi primera novela, El silbido de las
sombras, tuve tres presentadores: un cardiólogo de setenta años, un contador de
sesenta y un estudiante de quince años. Los tres hicieron abordajes magníficos.
Pero el joven Felipe dijo algo fulminante al terminar su alocución: "Si yo
preguntara quién conoce a Chalo Rodríguez Burgos, seguro nadie respondería. Si
pregunto quién leyó El silbido de las sombras, tampoco responderían. Pero a mí,
este libro me movió los sentimientos". Cuando una persona me dice que algo
que escribí lo conmovió, lo hizo reflexionar o le generó nuevos pensamientos,
esté de acuerdo o no conmigo, siento una alegría inmensa que considero mi
premio más valioso.
Has sido
antologado en Perú, Argentina, Chile, Colombia, España, Puerto Rico, Estados
Unidos. Eres embajador cultural de Arequipa y de colectivos de todo el
continente. ¿Qué significa para ti ser un embajador itinerante de la palabra
cuando la palabra parece valer cada vez menos?
En más de una
ocasión tuve un debate interno con la famosa máxima que dice "una imagen
vale más que mil palabras". Cuando era muy joven leí como cinco veces el
libro ¡Viven! de Piers Paul Read. Imagínate lo compenetrado que estaba. Tiempo
después vi la película y me di cuenta de que la imagen cinematográfica te fija
una sola visión, mientras que la lectura te permite recrear e imaginar mundos
infinitos. Cada vez que leía el libro descubría nuevos matices; la película, en
cambio, siempre mostraba lo mismo. Escribir es construir universos disímiles y
únicos nacidos de tus vivencias. Por eso me gusta sostener conversaciones
reales y, sobre todo, me encanta escuchar. Así aprendo y aprecio otras
percepciones que mueven los cimientos de mis recuerdos. En cada conferencia que
doy, crónica o libro que escribo trato de reivindicar a la palabra como el medio
vital para transferir nuestras emociones y nuestra propia visión del mundo.
Sueñas con dejar
un testimonio que una la razón y la sensibilidad poética para las futuras
generaciones. Si esta entrevista la leyera Morgana dentro de 30 años, ¿qué te
gustaría que entendiera sobre por qué su abuelo escribía?
Qué hermosa e
interesante pregunta. Me has conmovido tremendamente. Me gustaría que entienda
que, además de bosquejar algunas escenas del mundo que me tocó vivir, ese mundo
también es parte del suyo, porque forma parte de su propia identidad. Que
entienda que, gracias a la escritura, el conocimiento no se pierde, pero sobre
todo las emociones siguen latiendo para quien las lea. Quisiera que sepa que su
abuelo es la continuación de una saga de larga data y estoy seguro de que ella
vivirá entre mis líneas; pero, sobre todo, sé que ella escribirá las suyas y
bosquejará nuevos senderos... los suyos. Y que estaré sobre su hombro cuando
ella escriba, para decirle que no se aparte de su esencia y susurrarle a su
oído que la quiero mucho.
PING PONG MUSA -
Preguntas rápidas, respuestas cortas
Un verso tuyo que
te salve en días nublados.
Es lo que tengo,
es lo que doy.
Un libro que te
obligó a ser otro.
Retazos, mis
lugares, mis momentos.
Pacasmayo en una
sola imagen.
La playa besada
por el donaire de sus olas.
Arequipa en un
aroma.
El humo de la leña
de una picantería tradicional.
Una palabra que nunca
lograste domar en
un poema.
Más que una
palabra, es la angustia de no reflejar la esencia de mi sentir.
¿Qué te susurra el
vinilo de Surcos de vinilo?
Vibra mi ser ante
el anuncio de una catarata de emociones incontenibles.
Neurociencias o
poesía: ¿quién abraza primero?
El abrazo es
simultáneo, intrínseco y sincero.
¿Qué le dirías a
un joven que quiere escribir, pero tiene miedo?
Piensa en ti,
después en ti. No te pongas barreras.
Tu manía
secreta antes de escribir.
Caminar temprano
por el parque.
Si no fueras escritor,
¿qué serías?
Viajero
empedernido.
LLEGAMOS AL FINAL
Gracias, Chalo.
Gracias por recordarnos que el cerebro también es poesía.
Gracias por enseñarnos que una pregunta sobre por qué sudan las manos puede ser
más poderosa que una fórmula en la pizarra. Gracias por esa cadena de favores
que sostienes con Aroma de Libro y por honrar a MUSA con tu gratitud.
Gracias por tu padre pianista, por tus Ninfas del Pozo, por
tu niño de Pacasmayo que sigue sobre tu hombro corrigiéndote con ternura.
Gracias por escribir para que nada de lo que amaste se pierda del todo.
Que tu padre siga conversando contigo en cada gesto. Que
Morgana lea esta entrevista y sienta tu mano en su hombro. Que sigas corriendo
con las letras, sin prisa y sin retorno, pero con la sonrisa intacta.
Con el corazón abierto, te abraza
Revista Literaria MUSA
Nota realizada por:
s Cronista
literaria
Cultural Space. -
International
Digital Literary Magazine
Buenos Aires -
Argentina
CONTACTO
Chalo Rodríguez Burgos
Email:
chalorodriguez@hotmail.com
Facebook: Chalo
Rodriguez Burgos / Chalo Rodriguez Burgos – Página Oficial
Instagram:
@chalorodriguezburgos
Blog: https://chalorodriguez.blogspot.com/
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