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jueves, 16 de abril de 2026

CUANDO EL BOLSILLO LATE SIN CORAZÓN (64)

CUAND0 EL BOLSILLO LATE SIN CORAZÓN

“Vamos por partes y cucharadas”, decía la tía Simona, cuando quería explicarnos el mundo sin apuros. Y quizá habría que repetirlo hoy, en estos tiempos donde la gente anda con la cabeza gacha, como si la pantalla fuese una brújula infalible. Apenas uno sube a un bus o al metropolitano, la escena se despliega sola:
La chica del gorro oversized que no escucha su paradero por los audífonos gigantes; el muchacho del casacón urbano que escribe sin dejar de avanzar; la señora de leggings fosforescentes que revisa por décima vez si su pedido ya salió; el estudiante que sostiene el celular como si fuese un talismán. Todos atrapados, todos desconectados del entorno, todos mirando un mundo que no es precisamente el que pisan.

En medio de ese paisaje digitalizado aparece, cómo no, el Zurdo Araníbar. Hoy salió sin su celular y lo descubrió recién en la esquina, cuando el bolsillo —vacío— le pareció un abismo. No regresó a casa. No tenía tiempo. Pero, la angustia le cayó encima como baldazo de agua fría. Pasará todo el día sintiendo que está fuera del mundo. Que algo ocurre y él no está allí para enterarse. Su rendimiento será bajo, su ánimo precario. Sentirá, incluso, vibraciones fantasmas: ese truco del cerebro acostumbrado a la gratificación intermitente de las notificaciones. Un engaño neuronal que delata nuestra dependencia.

El Zurdo no es caso único.

El Chino Chávez revisa compulsivamente la pantalla en la cola del banco “por si lo han llamado”. El ‘Titi’ camina en zigzag por el pasaje mientras deja audios eternos. El ‘Halconcito’ atraviesa la plaza sin ver un solo rostro, como si el barrio fuese apenas un decorado. Escenas replicadas: el niño que no oye a su madre, el adulto que no escucha un saludo, la pareja que comparte mesa, pero no miradas.

La antropología advierte que el ser humano es lo que mira. Y si dejamos de mirar, dejamos de ser un poco. Filósofos contemporáneos hablan del sujeto aumentado: un individuo que delega memoria, orientación, conversación y hasta validación emocional en un dispositivo externo. Una prótesis simbólica que amplía capacidades, pero paradójicamente, reduce nuestra presencia real en el mundo.

Aun así, la vida insiste. A veces, basta levantar la mirada.
Ver a la señora que vende flores con una sonrisa que rescata mañanas; al anciano que ofrece un “buenos días” que reconcilia el ánimo; al niño que ríe primero con los ojos. Presencias que no vibran en el bolsillo, pero sí en el alma.

Quizá sea hora de mirarlos.

De recordar que ningún avance tecnológico debe robarnos el milagro cotidiano —y profundamente humano— de reconocer al otro.

martes, 20 de mayo de 2025

EL AULA DEL FUTURO: INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y EL NUEVO ROSTRO DE LA HUMANIDAD (15)

El aula del futuro: inteligencia artificial y el nuevo rostro de la humanidad



 El aula del futuro: Inteligencia artificial y el nuevo rostro de la humanidad

En una escuela de China, los niños no inician el día con libros, sino colocándose cintillos con sensores cerebrales. Estos dispositivos miden su atención en tiempo real. El profesor ve los resultados al instante, y también los padres, a través de un chat. Así nace una nueva era educativa: el aula inteligente, o quizá el aula vigilante.

 La IA en la educación altera la formación infantil, al influir en el desarrollo social, moral y neurológico del cerebro, planteando interrogantes sobre el impacto de un aprendizaje medido algorítmicamente. China ha apostado por formar desde la infancia a ciudadanos familiarizados con la IA, preparados para liderar en automatización, robótica y aprendizaje automático. Una generación que no solo use la tecnología, sino que piense desde ella. Mientras tanto, países como Francia han optado por restringir celulares en las aulas. Otros limitan el uso de pantallas para proteger la atención, fomentar la lectura y cuidar la niñez.

 Pero ¿será suficiente en un mundo donde la IA ya es parte de la estructura del futuro?

 Se está formando una brecha generacional: entre los que crecen con tecnología educativa avanzada y los que no. ¿Estarán mejor preparados unos, o los otros habrán evitado una educación reducida a datos y estadísticas?

 La IA educativa personaliza el aprendizaje, pero privatiza la humanidad: optimiza rendimientos mientras erosiona empatías. El verdadero examen no será de conocimientos, sino de qué sacrificamos en el altar del algoritmo.



Nos acercamos a un momento clave. Las nuevas generaciones no aprenderán sobre IA, crecerán dentro de ella. La cuestión no es si permitirla, sino cómo integrarla sin perder lo esencialmente humano.

El aula del futuro no será una escuela, sino una fábrica de humanos 2.0. Nuestra misión: asegurar que la esencia humana sobreviva a la revolución algorítmica.

EL CEREBRO FABRICA ESTADOS (P-09)

EL CEREBRO FABRICA ESTADOS https://www.prensamerica.com/retazos/el-cerebro-fabrica-estados Francesca mira el reloj por quinta vez en menos d...