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jueves, 25 de junio de 2026

¿POR QUÉ YA NO NOS MIRAMOS A LOS OJOS?: El verdugo del índice (74)

 ¿POR QUÉ YA NO NOS MIRAMOS A LOS OJOS?: El verdugo del índice




—¡Mírame cuando te hablo! —

No hacerlo era casi un acto de rebeldía en los años sesenta. Una falta de respeto. Un pequeño motín familiar contra las buenas costumbres. En muchos lugares del Perú, las llamadas telefónicas pasaban por una central, el telegrama seguía vigente y no todos tenían teléfono en casa. Por eso, la comunicación interpersonal era intensa, inevitablemente humana.

La gente se saludaba de vereda a vereda. Las calles tenían menos ruido y más rostros. A las damas y a los mayores se les cedía el lado de la pared. Había tiempo para reconocer quién venía caminando a lo lejos. Las conversaciones gozaban de algo que hoy parece artículo de museo: atención sostenida. Uno escuchaba y esperaba prudentemente el turno para hablar.

Hoy, la escena es distinta.

Caminamos rápido. Vemos, pero no miramos. Mucho menos contemplamos. Cabeza gacha, ojos clavados en el celular, avanzamos por cualquier lado de la vereda como si la ciudad fuera una pista de obstáculos. Los mayores incomodan, porque avanzan lento. Don Gonzalo intenta cruzar la calle mientras un ejército de jóvenes lo esquiva sin levantar la vista de la pantalla.

El índice se ha convertido en verdugo profesional: pasa inmisericordemente de noticia en noticia, de video en video, de aplicación en aplicación. Somos como aquellas piedrecitas planas que lanzábamos al mar para ver cuántas veces rebotaban antes de hundirse. Solo que, ahora el rebote ocurre dentro de nuestra cabeza.

¿Hay conversaciones? Más bien, hay ansiedad.

Basta escuchar el sonido de una notificación para que el cuerpo entre en alerta. La neurociencia explica que cada mensaje activa circuitos de recompensa relacionados con la dopamina, neurotransmisor vinculado al placer y la expectativa. El cerebro aprende rápidamente que detrás de cada vibración podría venir una sorpresa. Y queda atrapado buscando la siguiente.

Por eso, nos cuesta sostener la atención. La corteza prefrontal, encargada de concentrarse y reflexionar, termina fatigada por el exceso de estímulos. Saltamos de un tema a otro sin profundizar en ninguno. Sabemos de todo un poco y comprendemos cada vez menos.

El filósofo Byung-Chul Han sostiene que vivimos en una sociedad agotada por la hiperestimulación. Yo sospecho que también vivimos en una sociedad incapaz de quedarse quieta, siempre está ansiosa. Blaise Pascal decía que gran parte de los problemas humanos nacen de no saber permanecer solos en silencio dentro de una habitación. Hoy, ni siquiera entramos al baño sin llevar el celular.

¿Y el saludo? ¿Y la contemplación del mundo?

Las pantallas nos han absorbido lentamente. Mientras tanto, la tarde sigue cayendo hermosa sobre la ciudad… aunque, ya casi nadie levante la mirada para verla.

 

domingo, 4 de enero de 2026

TRES HÁBITOS PERNICIOSOS ANTES DE DORMIR (49)

Tres hábitos perniciosos antes de dormir: dormir no siempre es descansar


TRES HÁBITOS PERNICIOSOS ANTES DE DORMIR

DORMIR NO SIEMPRE ES DESCANSAR

El Flaco Andrés ha tenido un día complicado, como casi todos nosotros. Ha logrado subir al bus lleno de gente, después de esperar un rato. El humor de la gente y el cansancio de ellos se le impregna en la ropa. No ve las horas de estar en su casa, comer e irse a dormir a descansar.

Justo cuando se va a dormir y quiere tener un descanso pleno, él solito comienza a jugar en contra. Es que Andrés tiene tres hábitos perniciosos, que van a impedir, hacer lo que desea, descansar y reparar energías para el día siguiente.

1.- Come con ansias y mucho, a veces cena muy tarde, entonces el cuerpo se dedica a digerir en vez de estar descansando y reparando energías.

2.- Antes de poner a cargar su celular mira la pantalla azul, el color engaña al cerebro y le hace creer que es de día e inhibe la producción de la melatonina y el sueño se le escapa y comienza a dar vueltas como pollo a la brasa, sin poder conciliar el sueño.

3.- Andrés se acuerda que tiene que enviar un WhatsApp y se queda unos minutos revisando trabajos y redes sociales. Eso, hace que su mente se active y siga resolviendo situaciones, en vez de desconectarse y tener un buen descanso.

A estos hábitos se suma otro detalle que parece inofensivo, pero no lo es: el Flaco Andrés duerme con el celular muy cerca, casi al alcance de la mano, sobre la mesa de noche. Aunque no lo esté usando, el solo hecho de tenerlo ahí mantiene al cerebro en estado de alerta, como si algo importante pudiera ocurrir en cualquier momento. El descanso, entonces, deja de ser profundo; se vuelve fragmentado, liviano, insuficiente. El cuerpo no logra entrar del todo en ese silencio reparador que necesita.

Estos malos hábitos no solo le roban horas de sueño, también deterioran la calidad del descanso. Dormir mal afecta la memoria, el estado de ánimo, la concentración y hasta la salud emocional. Al día siguiente, Andrés se levanta cansado, irritable, con la sensación de no haber dormido nada, y el círculo se repite. Dormir no siempre es descansar, y descansar exige, a veces, decisiones pequeñas pero conscientes: cenar con calma, apagar pantallas a tiempo, dejar el celular lejos y permitir que la noche vuelva a ser noche.

El Flaco Andrés tiene que romper estos hábitos si quiere regalarle a su cuerpo y a su mente lo que más reclaman en silencio: noches verdaderamente reparadoras.

 

domingo, 14 de septiembre de 2025

EL CEREBRO EN LLAMAS: CÓMO LA MEDITACIÓN PUEDE SALVARNOS. (34)

El cerebro en llamas: cómo la meditación puede salvarnos en tiempos violentos 

Imaginemos dos escenas cotidianas en Arequipa: 

William, un ejecutivo de 45 años, revisa su celular a las 6:00 a.m. mientras toma un café pasado. Tiene tres reuniones clave, un informe pendiente y, para colmo, acaba de enterarse de que un competidor está bajando los precios. Su mente es una vorágine de estrategias, fechas límite y el temor latente de que un error suyo afecte a su equipo. Mientras, conduce a la oficina, la radio habla de un nuevo caso de sicariato en Paucarpata. Su respiración se acelera. 

Rosa, una madre soltera de Cerro Colorado, hace malabares para llegar a fin de mes. Entre el precio del pollo, el miedo a que extorsionen a su negocio de venta de emoliente y sándwich y la tarea de su hijo que no entiende, su cabeza no para. Anoche, en su barrio, balearon a un vecino por negarse a pagar "cupo". Duerme con el celular bajo la almohada, por si acaso. 

La neurociencia explica que, en este estado la amígdala, el centro de detección de amenazas, se hiperactiva, silenciando la corteza prefrontal, el área responsable de la toma de decisiones racionales. Esta respuesta primitiva nos hace gritar internamente ¡Corre o muere!, incluso en situaciones cotidianas, y si el cerebro no descansa, la vida se convierte en un ciclo interminable de ansiedad.

Pero, aquí entra un antídoto milenario, respaldado tanto por monjes tibetanos como por escáneres cerebrales: la meditación. No hablamos de convertirnos en gurús, sino de entrenar la mente para ‘observar el miedo sin ser arrastrados por él’. 

Recuerda que: ‘No nos afecta lo que pasa, sino lo que nos decimos sobre lo que pasa’. La meditación es la herramienta que nos permite ‘hacer una pausa’ entre el estímulo (un mensaje de extorsión, una noticia violenta) y la reacción (el pánico, la parálisis). 

Para empezar, se proponen tres sencillos pasos:

Respira, aunque sea por un minuto: Al sentir que el mundo se derrumba, detente y cuenta cuatro inhalaciones y seis exhalaciones. Esto activa el nervio vago, que calma el cuerpo y la mente.

Cuando aparezcan tus pensamientos negativos, míralos pasar como nubes. No los alimentes.

Camina con atención: Transforma el acto de caminar en una meditación en movimiento. Presta atención a cada paso, al suelo y al aire, una práctica especialmente útil en una ciudad donde el caos es la norma.

En Arequipa, donde la violencia intenta robarnos la paz, meditar no es un lujo, es un acto de supervivencia. Cada vez que William o Rosa eligen respirar en lugar de reaccionar, le roban un momento de lucidez al caos. Como dijo el filósofo Alan Watts: "No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear".


 

EL CEREBRO FABRICA ESTADOS (P-09)

EL CEREBRO FABRICA ESTADOS https://www.prensamerica.com/retazos/el-cerebro-fabrica-estados Francesca mira el reloj por quinta vez en menos d...