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miércoles, 5 de agosto de 2026

LA JUVENTUD COMIENZA CUANDO TE PONES EN MARCHA (77)

 

LA JUVENTUD COMIENZA CUANDO TE PONES EN MARCHA. Deporte, deporte, deporte.

El aroma del café recién pasado siempre tiene la extraña virtud de despertar recuerdos. En una mesa del café Bohemia, en las Galerías Gamesa, nos habíamos reunido cuatro viejos compañeros de universidad: César Emilio, César Augusto, Jorge y yo. Habían pasado décadas desde aquellos años en que sobrevivíamos a los exámenes más temidos. Aunque, siendo sinceros, había una prueba mucho más difícil que cualquier evaluación de la facultad: reunir el valor suficiente para declararle el amor a aquella compañera que aceleraba el corazón apenas cruzaba el patio.

Las carcajadas fueron dando paso a una conversación más serena. Los años, inevitablemente, comenzaron a sentarse también a la mesa.

—El médico me ha puesto a dieta por el colesterol y la presión —confesó César Emilio mientras removía el café.

—Mis rodillas anuncian el invierno antes que cualquier aplicación del celular —ironizó César Augusto.

Jorge, llevándose una mano a la espalda, añadió:

—Cuarenta años sentado frente a un escritorio tienen memoria... y cobran intereses.

Entonces, me preguntaron cómo hacía para seguir jugando fulbito y caminar todos los días, a pocos años de cumplir los setenta.

Sonreí. La verdad es que el partido comienza mucho antes de que entre a la cancha. La noche anterior preparo las zapatillas, mi camiseta y la botella de agua. Mientras acomodo cada cosa, mi imaginación ya está jugando. Me veo haciendo un pase preciso, esquivando a un rival o celebrando un gol con los amigos. Curiosamente, la alegría llega antes de comenzar el partido.

La neurociencia explica que el cerebro comienza a recompensarnos desde el momento en que decidimos hacer algo que nos hará bien. Incluso quien todavía no ha empezado a caminar, pero ya tomó la decisión de hacerlo, inició un cambio silencioso. Se regaló tiempo para sí mismo. Ese sano egoísmo de decir: me necesito, quiero estar mejor. El cuerpo aún no se mueve, pero la mente ya emprendió el viaje.

Después, cuando ya estamos en movimiento, comienza un milagro silencioso. Ni siquiera nos damos cuenta de que está sucediendo. Nuestro cerebro comenzará a producir BDNF, una extraordinaria proteína que fortalece las conexiones entre las neuronas estimula la memoria, mejora el aprendizaje y nos ayuda a mirar la vida con un mejor estado de ánimo.

Por eso, movernos suele ser un mejor aliado que muchos antidepresivos. Si a esto le sumamos una buena postura corporal, siete u ocho horas de sueño, con seguridad que prolongamos nuestra calidad de vida.

Nos despedimos sin hablar de récords ni de medallas. Comprendimos que, a esta edad, el verdadero triunfo no consiste en correr más rápido que los demás, sino en seguir encontrando motivos para ponerse en marcha. Porque la felicidad, muchas veces, no está en llegar a la meta, sino en el simple y maravilloso acto de comenzar a caminar.


martes, 20 de mayo de 2025

CUANDO EL ESPEJO MIENTE Y LA SABIDURÍA NO ALCANZA (16)

Cuando el espejo miente y la sabiduría no alcanza


Cuando el espejo miente y la sabiduría no alcanza

Estaba con Juan, los dos con más de seis décadas encima, exhaustos al borde de la canchita de fulbito. Entre sorbos de agua y bromas ácidas, enumeramos lo que el tiempo nos robó: velocidad en las piernas, pelo en la cabeza, respeto en la mirada de los jóvenes. Hasta mis propios amigos de la universidad no me reconocieron en una reunión —confiesa Juan—. Dijeron que ya no era el galán de antes. Leí en una obra de Eduardo Congrains que dos grandes amigos comenzaron a envejecer... uno de ellos, se vació los ojos para recordarse siempre jóvenes. Eran Demócrito e Hipócrates.

Lo miro sorprendido. ¿Arrancarse los ojos? ¿Para no ver cómo el tiempo desdibuja los rostros queridos?  ¿Para fijar en la mente la imagen eterna de la juventud?

Ese gesto brutal me hace reflexionar: ¿por qué tememos tanto envejecer? ¿Por qué, incluso hoy, hay quienes arriesgan su vida para parecer más jóvenes?

Demócrito se arrancó los ojos para negar la decadencia física y “ver” más, por eso, propuso la teoría atómica. Hoy, en cambio, “nos arrancamos arrugas con ácido hialurónico” para negar lo mismo, pero sin buscar sabiduría. 

Vivimos en una cultura que idolatra la imagen. Lo bello es joven, y lo viejo se vuelve invisible. La vejez —que antes era respeto— hoy incomoda, se esconde, se maquilla. Se olvida que, los años, traen sabiduría, calma y la libertad de no tener que demostrar nada. Un estudio de la Universidad de Yale (2022) reveló que el 73% de adultos mayores sienten que son invisibles en espacios públicos. En Japón, los ancianos superan el 30% de la población, se les venera; en Occidente, se les esconde en “residencias”. 

Quizás, como Demócrito, haya que cegar los ojos del cuerpo para abrir los del alma. O quizás, baste con aprender a mirar diferente. Ver la belleza en lo vivido, en lo que permanece cuando todo lo demás cambia.

Porque, hay amistades que, aunque el tiempo las desgaste, siguen jugando el mismo fulbito de siempre. Solo que ahora, los goles se celebran con carcajadas o recuerdos.

UN DÍA GIRAMOS LA CABEZA Y YA NO ESTÁN LAS BOLITAS (86)

  —Apunta bien, no vayas a fallar. Las bolitas estaban en el suelo y alrededor, como un pequeño tribunal, Coco, Pepe García, Nano, Kike y el...