¡FELIZ CUMPLEAÑOS, NELIA!
El regalo de la memoria
Si pudiera abrir las cortinas del tiempo
en un rayo primaveral, hijita mía, solo buscaría tus ojos.
Aún guardo en el alma el instante en que
encuadré tu sonrisa a tus nueve años. Sostuve la cámara, enfoqué tu saquito y
faldita gris y tu boina que te iba tan lindo. Al presionar el obturador sentí
que ese clic detenía el mundo. Fue la última foto que te tomé antes de partir.
Pero hoy no solo retengo aquel recuerdo; desde este plano sutil, estoy
generando uno nuevo contigo.
Te veo llegar del trabajo con esa gracia
de mariposa que no se rinde ante el viento. Sé cuánto dolió perder tu horizonte
de niña, pero nada se desvaneció: te convertiste en una profesional brillante,
una madre ejemplar y una abuelita querendona con el temple del hierro puro y la
más dulce feminidad. Tu sola presencia impone ese orden y esa elegancia sin
alardes.
Hoy, la mayor alegría de tus ojos se
llama Morgana, tu nieta que vive tras de ti revoloteando en cada rincón, y que
curiosamente tiene hoy esos infantiles años que tenías tú cuando te tomé esa
última foto. En ella renace tu infancia y la luz de nuestra historia. Claro,
que Fiorella y Vannia tienen ese lugar sagrado y especial.
Veo también a tu compañero de vida desde
los dieciocho años, que te admira, ríe contigo y celebra tu «fragante tersura y
esa fragilidad de hierro». Me da una paz infinita saberlo a tu lado y verlos
caminar juntos hacia mi tumba en Arequipa para dejarme una flor.
Siente mi presencia sutil entre las
felicitaciones de tus hermanos y seres queridos. Feliz cumpleaños, mi pequeña
reina. Sigue iluminando el mundo; estoy profundamente orgulloso de ti.

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