martes, 18 de julio de 2023

"Retazos mis lugares... mis momentos" - PRÓLOGO, Dr. Oscar Salinas Zegarra


 

"Retazos mis lugares... mis momentos" (2016). Fue el primer libro que publiqué y quiero compartir con ustedes el exquisito prólogo que realizó mi amigo, Oscar Salinas Zegarra. 

PRÓLOGO

 

RETAZOS…mi tiempo…mis momentos, así se inaugura el manantial de vivencias estrujadas
del alma, del pozo inagotable de un caminante de la vida (“caminante, no hay camino, se hace camino al andar”) que trasunta la quietud que en innumerables ocasiones nos persigue. Pero, él se pone de pie para cabalgar junto a la borrasca de coyunturas que lanza a los vientos de la tarde: “Ya no me duelen los pies, ahora me duele el alma por todo lo que se fue. Hoy solo me queda un cálido recuerdo que cada vez se hace más grande”. Y no se equivoca, el inconmensurable paradigma que nos entrega indica que “mirar hacia atrás” significa voltear la enciclopedia de la existencia para ensimismarla en los pies de la humanidad. 

RE TA ZOS… lleva a escuchar con atención “el sonido del silbato o pito que se expandió sonoramente por el cielo del puerto”. Efectivamente, el puerto de Pacasmayo se yergue desde las entrañas de esas arenas que amanecen y pernoctan con el efluvio de un mar hipotecado a la alegría. Colgarse del andén en el tren de una felicidad compartida al entrar en los albores de la infancia, significa atravesar los linderos de San Pedro de Lloc, Calasnique, donde las vías se dividen en dos ramales: uno va rumbo a Chilete y el otro, el que tomaremos, nos llevará por la provincia hasta Guadalupe . Y allí, ¡Oh, Guadalupe!, se hacen trizas las ventanas del recuerdo, al recoger la palabra enhiesta del “Padre del autor”: Esta
calle nos lleva a enfrentar la tornamesa donde daba la vuelta el tren para regresar a Pacasmayo”. Y, para sus adentros, lo persigue la voz que se atraganta en el epicentro de sus años: Cada vez que llego a mi Pacasmayo, no dejo de ir al recinto que acarició mi niñez, vuelvo al vetusto andén en el que correteé sin traba alguna. Contemplo la estación que no existe y que la gente de hoy solo ve en él una antigua casona. 

RE TA ZOS…vuela meridionalmente sobre la cabecera de un mundo que presenta matices de ficción, de presencia altanera para convulsionar con el devenir del ejercicio de vivir:”
Conforme pasaron los años, la actividad en el puerto fue decreciendo, muchas de las casas comerciales desaparecieron, el ferrocarril dejó de funcionar y gran cantidad de personas se quedaron sin trabajo”. El lenguaje coloquial que el autor desarrolla, se engarza con el collar de episodios a los cuales identifica: “El Puente San Juan”,” Don Pedranto”, “El Trapecio”, “Chocolate de mis Recuerdos”, “Cosas de las fiestas”, “Un crimen en Pacasmayo”, Distraído”, Chicamita y el Flaco Villavicencio”, “La tarde de mi matrimonio” y “Mi casa de la calle Ayacucho”, entre otros.  

RE TA ZOS…erosiona la pasión del almanaque al hacernos partícipes de la pulsación de esas calles pueblerinas en un inefable 20 de febrero de 2016, en
que coincidimos para una efeméride, y enrostrarnos la tarde calurosa en las retinas de la nostalgia hecha compulsión. El papá del autor levanta la mano, apretuja
la mirada y direcciona el dedo índice para balbucear:Esa, esa es mi casa, la casa de mi niñez”. Y el autor la describe así: “De hermosos balcones de madera, pintados con ese color marrón que solo da el tiempo, enmarcan la entrada a mi casa. Cuatro escalones me llevan hasta las ondeadas paredes amarillas de adobe, donde resalta el blanco de sus puertas a las que están adosadas mis conocidas lunas que siempre reflejaron mi infantil imagen hasta la moza figura que hoy me devuelve”. 

RE TA ZOS… convive con una dualidad de “padre a hijo” o de “hijo a padre” confundiéndose umbilicalmente en lo que podría llamarse “dos vidas, un camino”. El autor, hijo, nacido en la frondosidad de una estirpe que comenzó a evolucionar con él, se transporta hacia el momento de su aparición en el mundo para convertirse en el lenguaje de “su padre” y narrar este advenimiento: “Llegué avanzada la madrugada, cansado después de haber tocado el piano (instrumento que se convertiría en paladín de grandes hazañas) y allí estaba Estelita, hermosa, con una suave luz que la irradiaba todita. Con su gracia sin fin me dice: Allí está nuestro hijito. Luego de abrazarla y besarla miro a mi primer vástago. Era un punto negro entre las sábanas blancas”. Más adelante se encuadra en la partitura de lo que hoy se observa:” Al atardecer de su vida, aquel hijo regresa para estar con su padre. Ahora es él quien lo va a acompañar y cuidar. Pero ya no van de la mano, ya no es el papá quien lleva a su hijo. Ahora son dos padres, dos hijos, dos amigos que van abrazados hacia el rumbo que solo Dios sabrá cuando concluya”. 

RE TA ZOS…incinera el relato al poner en evidencia lo aciago que puede ser la vida. La tía Teresa, embarazada, camino a Chilete, sucumbe en un accidente de tránsito. Su esposo lucha contra el dantesco episodio: Un bus ardiendo a plenitud. Ingresa para sacar a su cónyuge, pero sus esfuerzos son vanos. “Se encontraron los dos cráneos. Uno de ellos, el más pequeño, tenía incrustado un perno que le había causado una muerte instantánea. Los demás restos estaban calcinados, no se podían distinguir unos de otros. Por eso, se les puso juntos en una sola cajita”. 

RE TA Z0S…recorre primero el periplo del padre, narrado desde la perspectiva del hijo. Lo ve a la distancia como “comisionado del arroz” de la entonces Caja de Depósitos y Consignaciones estirando la visión hasta perderse en la bruma de ausencias, muchas veces prolongadas, hasta lindar con lo anecdótico, tal el caso de su estadía en la calurosa Pucallpa y la llegada inopinada de Estelita y sus cinco hijos: “No estaban en mis planes inmediatos la llegada de mi familia por lo que no estaba preparado para recibirlos. Ya en el aeropuerto, manifesté: Suban con sus cosas al Jeep, sube Estela. ¿Y el chofer? ¡Conduzco Yo! Y Ella replicó ¡Ah!... con que ya sabes manejar y tienes carro”. Luego, el autor da paso a su óptica
para enarbolar la aureola de “las ninfas del pozo” representadas por las hermanitas López, al pintarlas con un lenguaje de excepción: El aire, gratamente perfumado por suaves matices del verde que nos rodeaba, poco a poco se apoderaba de uno y una secreta felicidad iba embargando el espíritu”. 

RE TA ZOS… conmueve, elucubra ideas, transmite, plasma historias y sortea el horizonte de las palabras.  “El viento de esa tarde yurimagüina que trataba de tranquilizar los iracundos arrebatos del calor de aquel día” se interpola con la estampa de la plaza de armas y la majestuosa catedral Virgen de las Nieves. El paso del tiempo se aquieta al referirse a la siguiente frase: “Hoy que se escribe sobre una pantalla interactiva. Cuanto añoro hacerlo sobre un papel. Voy a escribir una carta. Ya en la librería pido papel para carta y el sobre; doblo cuidadosamente el papel por las puntas extremas y sujetándolo con dos dedos voy a casa luchando contra el viento para que no me las arrebate”. Y, más aún, cuando extrae del cofre inédito de su emoción, la imagen vívida de una ninfa en bicicleta: “Su cabello es marrón, pero no cualquier marrón. Es suavemente acariciado por el entonces inexistente viento que despliega su ondulante longitud. Tanta es su belleza que mis tímidos ojos se humillan y bajan hacia su largo y aristocrático cuello. No hay fotografía, no hay video, es la instantánea que mi corazón ha tomado y lo ha guardado”. 

RE TA ZOS…cincela orificios sempiternos. El autor elucubra sonidos guturales al pincelar
su llegada a la Blanca Ciudad para enrolarse en ECAS.A. e introducirse en la pensión de Doña Sofi: el cuarto es pequeño, la cama de bronce, pintada de blanco, está prolijamente tendida, un colgador de pie, una mesita con su silla en la otra esquina y una pequeña repisa que guardaría mis novelitas del oeste”. Con una prosa ligera y grata, va exteriorizando las vivencias repartidas entre el sillar y los adoquines que matizan el empedrado de la volcánica Arequipa. Las anécdotas se suceden en el diario discurrir del trabajo y las horas destinadas a
conocer la ciudad.Llegar a la oficina por la tarde es un hecho que recuerdo con gran placer y nitidez. El sol de Arequipa es un regalo convertido en luz y acogedor abrigo”. 

RE TA ZOS…sucumbe y enfrenta a los estereotipos de la urbe arequipeña.  El autor la hace suya llevando sus latidos hacia las cumbres de mosaicos entregados con emoción: “A levantarse que es lunes”, “Afeitándome”, La encomienda”, “Sol de invierno”, “Una salteñita”, “Manuel Antonio”, Falta champagne” y, principalmente, “Un 15 de agosto: Las personas lucen sus mejores galas y como un desfile familiar se apoderan de las veredas y emprenden rumbo a la Plaza de Armas. Voy tras ellos y por breves momentos me siento parte de esta explosión de alegría que parece brotar de los cráteres de sus volcanes y que como cenizas de entusiasmo caen, casi religiosamente sobre los arequipeños”.   

RE TA ZOS… también, introduce a pulsar la “redonda” en los pies de varias ciudades donde se enarbola, sin pedir permiso al cansancio, “la canchita y yo” (¿Y, nosotros?): “La serie de transformaciones que acontecen cuando tú, la pelota y yo conversamos. A veces, eres playa, en otras tu trama es empedrada con aroma a chacra y, a veces, te vuelves lozana y brillosa con tu relieve de cemento”. En un párrafo escondido, se encuentra salpicado un inefable estribillo: “Pasaron años, con muchos jugamos, a varios conocimos, pero siempre fuimos la pelota tú y yo”.  Y, como colofón a estas vivencias, se despoja de todo atavismo al enhebrar en el tiempo el pálpito de sus ideas: “En todo caso, el pelotero es aquel que se convierte en un adorador de la pelota, por lo tanto, NO PUEDE SER CUALQUIERA, por eso somos de un linaje diferente, singular… único”. 

RE TA ZOS…conmueve, indica caminos irrepetibles, confundidos en el zigzagueante destino
familiar. Es la hora de referirse a su progenitora que reposa y señala
el “camino a Campo Fe: Llegar entre verdes prados, aspirar el aroma que trae el aire de los sauces, recrearse y despejarse al ver los gansos deslizándose sobre el lago, todo contribuye para que el persistente sol llene de colorido nuestra vista y nos de cierta tranquilidad cada vez que vamos a visitar a mamá”. En una estridencia incomprensible, se anida en su cerebro una especial sinfonía: “Deshice tu cuarto casi inmediatamente que partiste, no quería tener en la retina tus últimos días pero, ahora por estar junto a mis hijos, voy por el camino que ya transitaste”.                      

RE TA ZOS…sobrevive al empuje de los años, al arrastre pormenorizado de enjambres adosados en el mapa de nuestro suelo. El autor toma las bridas de su carruaje y llega a la sierra central, posesionándose en el Ingenio Huanca como primer peldaño:” El sol huancaíno se encarga de pintar de intensas tonalidades los cerros que circundan al criadero de truchas más famoso de la región”. En un segundo peldaño, lo encontramos enfrentado al “Tren Macho: El sol declina y empieza a dar fantasiosas formas a los acantilados que estamos pasando. El viaje ha sido magnífico y el tren hizo honor a su apelativo, salió a la hora que quiso y llegó como pudo, todo un Tren Macho. Al doblar hacia el tercer peldaño, se cruza con la recóndita laguna de Choclococha, al otro lado del mundo: “Me quito la mochila y me siento en una piedra que parecía esperar que lo hiciera. Mientras contemplo la laguna y sus islotes, el aire me dice que ahora soy parte tuya porque tú me respiras, pero, pronto, me iré y seguiré con mi interminable viaje”. 
RE TA ZOS…sigue escalando los andariveles de la geografía andina. Llega al cuarto peldaño y va “Rumbo a Ayacucho: Camino entre las personas que marchan apresuradas, la sensación de bochorno es cada vez mayor, casi estoy transpirando, pero no interesa estoy en la ciudad de las iglesias y podré iniciar mi sentida peregrinación entre antiguos templos que recibieron a tantos peregrinos”. Todo ello no es sino el preludio que se interpone para musicalizar la travesía verdadera que interpola todos los peldaños: “Mi viaje a Choquequiraocontando con el apoyo de su compañero y el arriero, pasando por Cachora, Huancacalle, Cocamasana, Chiquisca, Capuliyoc, Playa Rosalina, entre otros. Luego, en otro día, como quien lanza un proyectil a las profundidades de la tierra, ataca por el costado los hitos de Uchuhuerta y Raoypata para posesionarse de Marampata y de allí, a como lugar, pulsar los abanicos de los cóndores guardar en las retinas la fabulosa ciudadela de Choquequirao 

RE TA ZOS…se traslada, se levanta, se desboca, respira sonríe. Pareciera que el universo ha cercenado los confines de la dicha cuando, al borde de la imaginaciónel autor nos dice:” En ese instante hacen su aparición los dueños del cielo. Es casi sobrecogedor ver planear a los cóndores con una majestuosidad que nos hace tambalear”. El claroscuro de la rutina horaria para entornillar el relato, presenta una explosión de diversos matices: “Después de una de las curvas aparece una imagen que a la fecha no me abandona, nos quedamos atónitos al contemplar las primeras construcciones incas en plena ladera. ¡Fantástico!, murmuramos. Ya estamos dentro de las lindes de Choquequiraola alegría es por haber concretado un objetivo, un anhelo casi misterioso que mimpulsó a dejar la cómoda Lima para poder apreciar, sentir la mamapacha”.  

RE TA ZOS… describe con íntima sonoridad los desvelos de quien se inocula con la fiebre de todas las sangres. Da vuelta a las páginas para enrumbar a “La Perla del Huallaga”. Esta vez se reúne un triunvirato de polendas bajo el apelativo de “Los Rodríguez”: El autor, el padre y el hermano se encargan de abrir la trocha vivencial inaugurando a cada paso el sonido del silencio. “Una de las consignas es apreciar el Abra de Porculla en el departamento de Piura. Al día siguiente gozamos de un espectáculo donde las nubes tienen inusuales formas con raros matices por las caricias que les prodigan los rayos del sol. Si no supiéramos la hora dudaríamos si se trata de un amanecer o atardecer. Ya estamos en el Abra, esa ruptura de la cordillera de los Andes que nos permite acceder entre ella para llegar a la Amazonía”.  Luego, se escucha un comentario: La tarde ha llegado y nosotros ya estamos en la preciosa Chachapoyas. 

RE TA ZOS…consigue acrecentar las ilusiones que se forjan con el tiempo. Se va constituyendo en la piedra angular adormecida en el arrecife de los sueños. “En la posada de Cuispesdesplegamos la estrategia para visitar a la encandiladora Gocta y a la misteriosa YumbillaMuy temprano salimos a su encuentro. El camino es un sendero empedrado que se
interna a la selva y el sonido de los cascos de los caballos se confunde con los de la naturaleza”. La ilusióque se patentiza en los ojos va cobrando alegorías de fantasía
al entrar en contacto con lo irreversible: “La visión es esplendorosa. Nos quedamos varios minutos contemplándola (a Goctala catarata soñada). Dejamos atrás al guía quien, sonriendo, ve cómo vamos al encuentro de ella”. Pernoctando en las cornisas de la emoción, los tres adoradores de lo imposible, consiguen poner en su equipaje la otra catarata: “Nuevamente la lluvia, levantamos el rostro para recibir esa bendición, mojados, transpirados,
cansados pero jubilosos recibimos la noticia que ¡a la vuelta está el mirador, es Yumbilla!”. Al describirla, fluye el lenguaje en el corazón renovado del autor: “Es fastuosa, sin ser petulante, magnífica sin llegar a ser ostentosa, la damisela colmó nuestras expectativas”. 

RE TA ZOS… va cincelando la cadencia de las emociones hasta hacerlas estentóreas. Se inmiscuye en cada minuto que intenta perennizar. Despierta sensaciones indescifrables: “Un padre lleva de la mano a sus dos hijos. Acaban de llegar (Yurimaguas) para enfrentar un nuevo reto y dilucidar un nuevo horizonte. Los vástagos caminan con la seguridad y alegría que infunde el joven padre. Hoy, cuarenta y siete años después, estos actores tratarán de repetir esta incursión. Caminamos apurados por ambas veredas, los tres queríamos llegar primero, ¡Mira la iglesia!, ¡Aquí estaba nuestro colegio!, fotos por doquier como si en el fondo quisiéramos retratar nuestro pasado, ¡vamos, al puerto! Ahora, estoy mirando el amplio río donde me bañé y es testigo de calenturientos lances amorosos en
mi inicial adolescencia”. Como queriendo arrancarle a lefigie de la montaña, sus secretos y sus misterios, elucubra un epitafio: “Nos miramos los tres, sonreímos como entonces y nos abrazamos como siempre”. 

RE TA ZOS… habla, descifra, escribe y enarbola recuerdos y recuerdos. Tal es así que destila una alegoría desprendida de los compases de la vida: “Criar recuerdos”. En eso preguntamos ¿Quién enseña a criarlos? Y al transportamosjunto al autor, al párrafo de la música hecha piano: las notas se adueñan de la sala, armónicamente entrelazadas salen del piano de media cola de papá. Mientras sus hábiles manos acarician las teclas, el tango Madreselva, hace que, en algún remoto lugar de mi sensibilidad, despierte, me sobrecoja y mis latidos marquen ese mítico compás”. En estos momentos se patentizan los aplausos que se prodigaron hacia los vértices de la noche de un inefable mes de febrero de 2013, al haberlo escuchado en un recital que nos transportó a la cúspide de los arpegios musicales. Un hombre, un piano, una vida…fue el corcel que galopó por entre los pasillos del salón auditorio “J.J. Cobián” de nuestro bien amado Club Pacasmayo. 

RE TA ZOS…es algo más que un enjambre de sentimientos anidados en los acantilados de los años. Es pulsar el firmamento de la historia, repetida o inaugurada muchas veces con otras marquesinas. Es llevarnos hacia ese puerto viril llamado Pacasmayo y hacernos partícipes de algo sobrenatural concebido desde los albores de muchos pasos que se aquietaron al pie de la tumba –mausoleo de la familia Laos Cazorla, padres no biológicos de Gonzalo Rodríguez Guttiprogenitor del autor y, por consiguiente, de toda la estirpe de los Rodríguez Burgos. Esa mañana del 20 de febrero último, volaron mil palomas hacia el recuerdo de todo lo vivido por este personaje en sus 22 años que estuvo bajo la tutela de sus tíos abuelos. Entonces, al bajar del cementerio y sentir cada grada que aplicadamente lleva al muelle de otros tiempos, nos tomamos de las manos para recibir ¡al unísono! la diáfana sonrisa del mar que, amigablemente, nos espera. 

Lima, o Arequipa, o Pacasmayo, en un caluroso mes de
marzo de 2016… 

 

Oscar Salinas Zegarra. 

 

martes, 20 de junio de 2023

I – FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA VALLENATA





I – FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA VALLENATA
¿Escribir poesía Vallenata?
Cuando recibí la invitación de Arte Poética Latinoamericana y del Ministerio de Cultura de Colombia para crear poesía vallenata y presentar mi poemario “Sediento compás en brisa esquiva” una sensación de vació fui sintiendo. ¿Cómo se escribe poesía vallenata? Del Vallenato lo único que tenía como referencia era a Carlos Vives. Me puse a indagar sobre la ciudad de Valledupar, cuna de la música vallenata, la más popular de Colombia. Abrí un sinnúmero de páginas sobre Valledupar que está en el Caribe colombiano, supe de su fundación española y el importante paso de los juglares vallenatos. Escuchando la música de sus más reconocidos intérpretes fui degustando las andanzas de estos, casi, novelescos compositores y al perderme entre las letras de sus composiciones fui avizorando la portentosa magia que se asentaba en el vibrante palpitar de la belleza de las mujeres y la singular frescura de los galanes que hacen derroche de simpatía en sus míticas parrandas. Los nombres de Sergio Moya, Leandro Díaz, Diómedes Díaz, Rafael Escalona, Hernán Urbina, etc. se me hicieron amigables; grandes contadores de historias con profundas reflexiones filosóficas, amén de una envidiable riqueza melódica. Con todo el material acumulado y la música vallenata cantándome a manera de rumores sus historias candentes con ardientes requiebros en las orillas de los fantásticos ríos que circulan en el departamento del Cesar; así, sin tilde como si fuera una palabra aguda.
Un visionario, Adalin Aldana Mizad, escritor colombiano tuvo la excelente idea de traer a connotados poetas de diversos países para que compongan poemas tomando un verso de las canciones vallenatas más difundidas; de esta manera, se daba inicio a una peculiar incursión literario musical. Así, como yo, veinticinco poetas comenzaron la exploración de la música vallenata para poetizarla y estructurar la primera Antología de poesía Vallenata. Fue una excelente presentación en que ha permitido robustecer el acervo e identidad del vallenato ya no solo en Colombia, sino que, a través de su propuesta ha convertido a los escritores que llegaron a Valledupar -ellos conversaron con los compositores vallenatos, transitaron sus hermosas calles, bailaron sus coquetas melodías internalizando las letras de sus canciones- en auténticos embajadores culturales de la música vallenata y de Valledupar.
Las presentaciones de libros, ponencias, recitales literarios musicales fueron dignas del nutrido público que asistió a la Biblioteca “Rafael Carrillo”, en la Escuela de Bellas Artes, en la Institución Educativa “LOPERENA” en la Plaza de Gobernación y como cierre espectacular se cantó y recitó a orillas del río Guatapurí.
Un sublime encuentro de seres humanos que al son de la guacharaca, tambor y acordeón fueron tejiendo sensibilidades enhebrando la sutileza de los vallenatos y evocando a “Francisco el hombre que venció al diablo…”, bueno, pero, esa es otra historia.

miércoles, 11 de enero de 2023

LA ÚLTIMA CHUPADA DEL MANGO

 ********** LA ÚLTIMA CHUPADA DEL MANGO *********

Comer un mango con las manos y no ensuciase en la apetitosa empresa requiere de arte, estilo y de una pulcra ingestión de este agradable fruto, casi, como hacer una precisa incursión en campo minado. Es una ristra de explosivas sensaciones en boca y golosas emociones que sacuden el cerebro en cada paso de este quirúrgico proceso.
La voluptuosa forma redonda es el primer atractivo, el color amarillo de su encandiladora madurez es embriagador, lo sostengo por la base con cuatro dedos lo giro y quedo enajenado. No me resisto y voy al ataque, hinco mis dientes en la turgente piel del mango debo hacerlo con la sutileza del amante cuando muerde los labios de la amada. Esa primera interacción es vital, de este momento depende que el placer se extienda hasta la última chupada del mango.
—¿Por qué, la última chupada del mango?
Seguimos con el mango, sorber la pulpa del exquisito fruto es como obtener su esencia y sus dulces secretos, el arrobamiento lleva a que sigamos posesionando los incisivos en sus carnes, pero, hay que hacerlo lentamente con la suavidad de la caricia que enerva y estimula al nirvana. Abrazar su fragancia es un paso que no debemos dejar de lado, casi, como libar el aroma del cuello de una amante. Ir comiendo su regia envoltura es como desvestirla de sus pretensiones debe hacerse con singular parsimonia para evitar que su dulce secreto resbale por su piel y se nos escape el placer de saborearla toda. Ahora, que ya hemos disfrutado con más de la mitad de sus rotundas partes hay que proceder con sumo cuidado. Estamos llegando al clímax del deleite, con la precisión del experto

orfebre hay que ir girando y sosteniendo lo que resta del mango con las yemas de tres dedos; esto, requiere la experiencia de un experto amante de lo frutos y si son tropicales con mayor razón aún. Suavemente y como si la vida nos fuera en ella activemos la lengua y los incisivos con delicada cadencia arranquemos la pepa de su base y la vamos acomodando de acuerdo con nuestras pretensiones en nuestra ansiosa boca y sigamos libando el dulce licor de su húmeda carnosidad.
La pepa debe ir rotando por toda nuestra cavidad bucal, paladar, papilas gustativas se abrazan con la tersura del mango sin dejar de seguir enamorados de su aroma. Al final, dejamos caer la pepa a un lado y nos queda la última parte, la base. Debe ser la exitosa culminación de esta intrépida aventura dulce y golosa, hay que preparar al cerebro para el éxtasis final y produzca un verdadero “encore”. El último mordisco al mango es una delectación, casi, divina.
Hay, muy pocas, cosas en la vida que pueden detentar el honor de ser “la última chupada de mango”.

viernes, 30 de septiembre de 2022

 

MARBELLA

Colgaron una foto en el Facebook, al verla, una explosión neuronal destella en mi cerebro; allí, donde están los recuerdos que muerden, laceran, rasgan mi tranquilidad y sosiego. Un antiquísimo sentimiento, latente en su eterna vivacidad vuelve a correr por mi sangre, viralizándola con ese acuciante dolor que envuelve al sentimiento más puro y noble que tiene un ser. Mis ojos y todo mi yo se sumergen en la imagen de aparente soledad que enfría mis latidos, mientras, un aroma del ayer da aliento al alicaído pulso que está en la lona por este golpe de emoción que llega desde la bajada de Marbella en Magdalena.

 


Me veo joven y ansioso llevando de la mano a ese eterno, bello y delicado amor, voy dando temerosos pasos para evitar que ella tropiece, mientras, que yo tiemblo de emoción. Aún, no concibo la idea que ella ya sea mi enamorada, recuerdo cuando la vi por primera vez, mamá me había mandado a hacer un pago al centro comercial iba de mala gana, porque, tenía que dejar la comodidad de mi cama. Cuando, en eso, pasó en su bicicleta, el aire cambió de sentido y yo perdí el mío. Nunca había visto a alguien tan hermosa, su rostro es divino y su mirada ¡Dios! No puedo describirla, pero, la tengo fija en lo más profundo de mí, sigue sonriendo en el tiempo de mis recuerdos con esa dulzura e inocencia que nunca más se volverá a dar. Con su imagen impresa en todo mi ser la volví a ver, otro día, en el supermercado, estaba en el área de las frutas y como si alguien me pasara la voz giro la cabeza hacia la izquierda y la vi parada allí, a mi lado. El destello de su cara y hasta de la gargantilla azul que lleva me sonríe. Y, solo a mí, se me ocurre jugar con las chirimoyas que tenía en mis manos. Su suave risa me embarcó en un mar de emociones que no conocía, pero, cuando cayeron sus pestañas, los mangos rodaron por el piso. En la siguiente oportunidad estaba lleno de arrestos esperando, ansioso, una oportunidad, esta llegó algo complicada. Estábamos en la esquina de la casa de su tía, allí, nos reuníamos una treintena de chicos y muchachas para jugar y conversar. Ella tenía que regresar a su casa que estaba en otro barrio y entre toda la muchachada se corrió la voz que estaban buscando un taxi. Ese, era el momento, me ofrecí a llevar claro, no tenía siquiera licencia de conducir, tampoco el permiso de papá para usar su carro; pero tenía todo el atrevimiento de llevarla conmigo en un impensado paseo, solo con ella, parecía que el cielo me abría sus puertasSalí corriendo hasta mi casa, sabía que a esta hora mi papá estaba haciendo su siesta, como pude subí las gradas y me acerqué a su dormitorio, sin hacer ruido. Su respiración me avisaba que estaba bien dormido, gateando me acerqué a su mesa de noche y agarré las llaves del Volkswagen y de salto en salto ya estaba desenganchando el carro para avanzar hasta la esquina y, ahí, recién lo arranqué. Mi alegría se hizo terrible mueca cuando veo a Toño muy seguro y sonriente junto a su carro, un Malibú rojo, él, también, quería llevarla. Se armó el revuelo, toda la muchachada hizo bulla y hasta apuestas por ver, cuál de los dos la llevaría. Tanto, fue el laberinto que salió “Apetita” la abuelita de ella. La recuerdo clarito, a pesar del tiempo, su rostro lindo y dulce se puso brava y calló a todos. Salomónicamente, definió el asunto de la siguiente manera.

Él la va a llevar, porque, se ofreció primero me señaló. Mi corazón estaba por los cielos.

Pero, yo voy a ir con ellos Añadió, las carcajadas fueron el corolario para tremenda decisión. Subimos al Volkswagen junto a la tía Bichita que, también, fue con nosotros. Mientras conducía trataba de verla, porque, la sentaron atrás. Ya en la puerta de su casa conocí a su mami, una señora de porte aristocrático y de serena belleza, escuchó las explicaciones de Apetita, mientras, me auscultaba y me agradeció; con su mirada, diría que, casi, me dio su venia para llegar a la casa. Esta vez, al despedirme de ella nuestras miradas fueron diferentes, habíamos transitado el mismo sendero, nos estábamos conociendo y juraría que una alegría diferente pintaba el esbozo de sus inocentes labios. Emergía un sendero que iba a ser, solo, para los dos. Ya estaba obscureciendo había que retornar, alcancé a ver el nombre de la quinta decía con letras en altorrelieve de color blanco “Raizla”. Al regreso, pensaba en la cara de mi papá cuando no viera estacionado su carro, no podía imaginar una excusa para explicar, por qué, me llevé su carro, nada importaba, cualquier castigo sería nada. Yo estaba saboreando la miel del camino que había iniciado para seguir viéndola y, ese, era otro tema. Había que desplegar todo un plan logístico para hablar con ella; en su casa no tenían teléfono, entonces, tenía que llamar a casa de su vecina, esperar a que la llamen y se acerque al teléfono; mientras, yo rezaba mentalmente que acepte la llamada repasaba por onceava vez mi discurso. Cuando llegaba el fin de semana, el cielo se volvía esplendente, porque, iba a verla. Para eso tenía que subir a dos buses de ida y otros dos de regreso, todo un presupuesto que debía cubrir con mi trabajo de fin de semana vendía y cargaba los balones de gas para las cocinas. Tenía que extremar mis movimientos y no romper ninguna de las cuatrocientas cuarentaicuatro reglas que hay en casa, me quedaría sin permiso para ir tan lejos como si el amor supiera de distancias, menos, causar las quejas de alguna de mis hermanitas, no podría molestarlas; eso, podría ser el final de mis pretendidos anhelos. Fue la época donde no pude resistirme a hacer algún mandado a mamá ahora, que lo veo así, fue por uno de sus encargos que la pude conocer, cosas de la vida, mami, te debo… una más No podía dejar de ir a verla, podría significar el olvido o lo que es peor, otro podría estar cerca de ella.

 

La bajada de Marbella, fijo la mirada; es la misma por donde bajé con ella, tomados de la mano sentí su total confianza; ni siquiera se fijaba por donde pisaba, solo, seguía mis pasos. Es una bajada de ensueño, el color de la tierra reflejó el arrebol de una bella faz que, aún, atesoro. Íbamos de la mano, la tenía y no podía creerlo. Transpira mi mano, me da vergüenza, la llevo hacia las barandas blancas hechas con pequeños troncos, trémulo la tomo por la cintura; la miel de sus ojos hace que naufrague en su mirada. La delicadeza de su faz son pétalos de flores que desnudan su juvenil tersura. La ráfaga del envidioso viento hace que su hermosa cabellera cubra su rostro, aun así, sus ojos me miraron, nunca, nadie me miró así.

 

Un respiro, mientras, las inexistentes gotas de un frío sudor en mi frente reaparecen. El mundo comienza a girar al revés, no puedo detenerlo los segundos se hacen suspiros, transpira la emoción y llego, otra vez, a la Quinta Raizla. Es sábado por la noche fines del mes de primavera, me ha invitado a su fiesta, conforme avanzo por el pasillo la música trae la efervescencia que nace de un encuentro en caída detenida. Verla es difuminar el universo, palpitar asido por la seda de sus pestañas que me aprisionan con su enajenante sublime inocencia. El embeleso se hace daga y atraviesa mi lozano corazón. Veo su núbil faz emergiendo entre las brumas del tiempo, es diáspora en todo su esplendor, llora mi pulso anterior. Extiendo mi mano para bailar el “rock lento”. Su belleza talla éxtasis de arcano delirio, sus brazos en mi cuello son sutiles caricias desconocidas, hacen que me vea como el intrépido cazador que ha sido alcanzado por el vuelo musical. Un pájaro azul rasga guitarra en nuevo son, el roce de su ala quiebra mi cordura y hunde mi razón. Su sonrisa de cristal es finura que el pájaro azul tejió con notas de una balada que nos unió, con ritmo lento los estambres hilaron la trama que oprime y mata. Será tanto el dolor que desfallecer con pasión es la razón. Desbocados corazones danzan en explosión de juventud, las notas de acetato acercan respiros, se abrazan los ojos. El vuelo del pájaro azul urdió estambres de amor. En la penumbra de una expectante esquina hice la pregunta de rigor ¿Quieres ser mi enamorada? Con su respuesta comprendí que un 99% de posibilidades lo es todo y es nada. Viví ahogadas y vacilantes horas, días que eran obscuros desiertos de sentido; todo para que la luminosidad, su luz, pintara con nuevos colores mi inquieta vida.

 

La fantasía había nacido y mi corazón la tenía ceñida a mi pasión. Un Cristo se desbocó por el acantilado de nuestra loca pasión. Destella amor de otro mundo, las barandas blancas dejan las marcas al sostener su espalda mientras la abrazo y detienen el impulso de lanzarse al acantilado de nuevas emociones. El mar ruge, se mueren noventa y nueve soles en anaranjado adiós. Fueron más de veinte cuadras que caminamos para darnos un beso, pero, qué beso. Me vestí con tu nombre, estuviste en mí como yo en ti. Mi ser escapó por mis ojos para anidar en tu tierno claustro, dejé de ser yo, al saber de ti. Moraste en mí y otro fui yo. Al evocar nuestro juvenil beso brama un mar celoso por aquella caricia que se perdió en la bruma y se insertó en los microsurcos de un vinilo; una voz recita, imagina, un poema escrito con pulso audaz en amarillento papel que guarda los garabatos que enloquecieron con tu mirada. Fue un largo sendero por unos besos que lo fueron todo. Me vestí con tu nombre, estuviste en mí como yo en ti. La bruma gana mis recuerdos que se hacen sueños, pero, aún, alcanzo a escuchar.

No me presiones tan fuerte, no me voy a ir. Dijiste, con tu tierna voz. Mi mano atenazaba la tuya. Al soltarla, me perdí, porque, te fuiste.

 

Un beso que se hacen miles y que, todavía, los siento en cada evocación; tu suspiro se estremeció al conocer nueva pasión. El mar se escondió entre los pliegues del asombro y el vacío se inundó de un naciente amor que se tornó en insondable océano de pasión. Cayeron las fortalezas de nuestros íntimos mundos, se abrieron las puertas de la conciencia y nos amistamos con el inconsciente. Dos mundos se hicieron multiversos. Jamás, volvería a darse algo igual, el momento se hizo eterno; así como, el pertinaz recuerdo que me busca y asedia. El viejo sol que tanto vio se acobardó ante los nuevos soles que comenzaron a navegar y tuvo que declinar. Vivimos nuestro momento, no se necesita más, aunque, lo que reste de vida no estemos juntos. Separados, tampoco, estaremos.


 

 



 

¿CUANDO DEJAMOS DE COMER JUNTOS? P-12

  Hay recuerdos que no tienen fecha, pero conservan intacto su aroma. A veces basta el olor de un humeante arroz con carne recién servido, e...